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La bollería industrial y las hamburguesas se consolidan como posible causa de cáncer

Aún conscientes de los perjuicios para la salud que podría llevar su consumo, los alimentos ultraprocesados son uno de los elementos más frecuentes en nuestra dieta. Ahora, un estudio revela una asociación entre este tipo de productos y un riesgo elevado de padecer un proceso oncológico, especialmente de mama 

Además de la enfermedades metabólicas y cardiovasculares que puede conllevar el consumo elevado de los conocidos alimentos ultraprocesados, numerosas pruebas científicas concluyen que también podrían estar ligados a la proliferación de algún tipo de tumor, especialmente de mama. 

La bollería industrial, los refrescos, las patatas fritas de bolsa o los cereales azucarados ocupan una parte importante en nuestras despensas. Se trata de alimentos que hemos convertido en imprescindibles y nuestra dieta y tras los que se esconden grandes cantidades de azúcar, sal, grasas saturadas así como una innumerable lista de aditivos, conservantes y colorantes.

Hablamos de ultraprocesados. Este tipo de productos suponen el 20% de los alimentos que se consumen en España, el 40% de los que se ingieren en Finlandia, Bélgica y Alemania y nada menos que el 50% de las calorías diarias de los británicos.

Estos productos ya habían sido señalados anteriormente por los investigadores por su potencial a la hora de producir enfermedades cardiovasculares como colesterol o presión arterial elevada además de obesidad.

Ahora, por primera vez, un estudio se centra en destapar los perjuicios de este tipo de comida en la proliferación de tumores.

Los científicos estudiaron los registros médicos y hábitos alimentarios durante cinco años de casi 105.000 adultos, de 43 años de media de edad, el 80% de los cuales eran mujeres. Los participantes completaron cuestionarios online diarios sobre su alimentación, que escudriñaban la ingesta de más de 3300 alimentos y alimentarios distintos.

Los científicos querían saber si existía una asociación entre alimentos procesados y el riesgo de padecer cualquier tipo de cáncer, y también algunos tipos de tumor concreto como el de mama, colón o próstata. 

Aplicaron un novedoso sistema de clasificación de la comida, llamado NOVA, con el que agruparon los alimentos en cuatro categorías: crudos o mínimamente procesados, como semillas, frutas, huevo o leche. Ingredientes culinarios procesados, como el aceite. Procesados, como verduras envasadas o pescado en lata, quesos. Y ultraprocesados.

También tuvieron en cuenta factores de riesgo conocidos para el cáncer, como el sexo, la edad, el nivel educativo, el historial familiar de cáncer, si eran o no fumadores, y la actividad física que realizaban los participantes.

Tras analizar todos los datos, vieron que aumentar tan solo un 10% el consumo de productos ultraprocesados en la dieta se relaciona con un 12% de incremento de riesgo de cáncer, en general, y en particular con un 11% más de riesgo de cáncer de mama. En cambio, no vieron ninguna asociación significativa con cáncer de próstata y colon.

No obstante, esos resultados no convencen a todos los expertos. “Siguen a un grupo de población demasiado joven, de 43 años de media de edad cuando la mayoría de tumores aparecen a partir de los 50 y largos, durante solo cinco años; solo hay un 20% de hombres, quizás por eso los resultados que obtiene de cáncer de próstata y también de colon, más prevalente en hombre que en mujeres”, considera Antoni Agudo, jefe de la Unidad de Nutrición y Cáncer del Institut Català d’Oncologia, que no ha participado en el estudio, en una entrevista a Big Vang.

Un estudio observacional

Se trata de un estudio observacional, que solo establece asociaciones, por lo que no puede explicar el mecanismo por el que los alimentos de este tipo pueden estar relacionados con el cáncer. Los autores apuntan que estos alimentos tienen una calidad nutricional baja, y contienen aditivos y sustancias que se forman durante el proceso de producción y envasado que podrían tener propiedades carcinogénicas.

Otra hipótesis para explicar esta relación sea que las personas que toman alimentos ultraprocesados dejan de comer fibras y alimentos saludables que sí se sabe que tienen un efecto oncoprotector.

Es el caso de la acrilamida o de los hidrocarburos aromáticos policíclicos, que se forman cuando se cocina en exceso un alimento (por ejemplo, carne a la parrilla que se quema). El bisfenol, presente en algunos envases, que en contacto con la comida podría actuar de disruptor hormonal. Y “aditivos controvertidos” aunque autorizados, como el dióxido de titanio, un pigmento blanco alimentario.

También, dicen, otra hipótesis para explicar esta relación sea que las personas que toman alimentos ultraprocesados dejan de comer fibras y alimentos saludables que sí se sabe que tienen un efecto oncoprotector.

“La mayoría de los compuestos y conservantes y aditivos que nombran en el estudio no están clasificados de forma individual como cancerígenos por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer Tampoco el bisfenol, del que por ejemplo se sabe que es un disruptor endocrino. Es cierto que todos son sospechosos y que en global, todas las características que tienen los alimentos ultraprocesados los convierten en buenos candidatos a ocasionar cáncer. Pero por el momento, no podemos señalar a ninguno en concreto como culpable”, considera Agudo.

De confirmarse estos resultados “en otras poblaciones y escenarios, sugieren que el rápido aumento de consumo de alimentos ultraprocesados puede suponer un incremento en la incidencia de cáncer en las próximas décadas”, alertan los investigadores. Solo en 2012, apuntan en el estudio, se produjeron 14,1 millones de nuevos casos de esta enfermedad y según la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés).

De confirmarse estos resultados “en otras poblaciones y escenarios, sugieren que el rápido aumento de consumo de alimentos ultraprocesados puede suponer un incremento en la incidencia de cáncer en las próximas décadas”.

Martin Lajous, investigador de la Escuela de Salud Pública TH Chan de la Universidad de Harvard (EE.UU) y del Instituto Nacional de Salud Pública de Ciudad de México, quien publica un editorial en la misma revista del BMJ que recoge el estudio asegura que “aún estamos muy lejos de entender las implicaciones que tiene el proceso de la comida en la salud y el bienestar humano”.

En una entrevista a Big Vang, asegura que “se necesitan muchos más estudios observacionales, pero también experimentales con animales para acabar de ver investigar esta asociación”. No se trata, explica, de alarmar a la población, sino de promover dietas más saludables ricas en carbohidratos no procesados, frutas y verduras. “Eso va a disminuir tu riesgo de diabetes, enfermedades cardiovasculares y tu riesgo de cáncer”, remacha.

Fuente: La Vanguardia.

 

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