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Baños de bosque, la última tendencia contra el estrés

El baño forestal consiste en tomarse un tiempo meditativo en el bosque sintiendo el contacto con la naturaleza.

Esta práctica, que consiste en sumergirse en la naturaleza con los cinco sentidos, se practica en Japón desde los años 80 para mejorar la salud

“¡Qué estrés tengo!” o “¡no me da la vida!” son expresiones frecuentes en nuestros días. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE)el 59% del personal laboral en España sufre esta tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves. No en vano, las bajas laborales debidas a esta causa se sitúan entre el 30% y el 40%, recoge esta fuente. ¿Puede el individuo hacer algo al respecto?

“No sería extraño que en el futuro los médicos prescribieran paseos por el campo. Una medicina preventiva con coste cero para las administraciones. Cada vez más estudios evidencian los beneficios que la exposición a la naturaleza puede provocar en nuestra salud física y mental”, explica Josep Santacreu, consejero delegado de los seguros médicos DKV y responsable del proyecto Baños de bosque, una propuesta de salud, que recopila diversas investigaciones científicas en este sentido. La inmersión en verde, en lugar de en las aguas termales de un balneario o spa, no es nueva. Se llama shinrin-yoku en japonés y su práctica se remonta a los años 80.

“La iniciativa del Ministerio japonés de Agricultura, Silvicultura y Pesca surgió en 1982 como una práctica rapéutica que favoreciera un estado de relajación para una creciente población urbana sometida a niveles intensos de competitividad y estrés”, cuenta Marta Pahissa, ambientóloga que ha desarrollado la publicación junto con el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), ciudad donde los baños forestales comienzan a ser tendencia. “España, y especialmente Cataluña, es uno de los primeros países de la Unión Europea que promueve la terapia de bosque, pero se estima que entre uno y dos millones de japoneses realizan cada año estas sesiones en alguno de los 48 centros oficiales designados por la Agencia Forestal de Japón”.

El disfrute del entorno

De hecho, algunas empresas niponas ofrecen a sus trabajadores este método antiestrés, en un lugar muy competitivo y con altas tasas de suicidio. Las víctimas certificadas de karoshi -o muerte por exceso de trabajo- se situaban en 2.310 en el año 2015, recoge el Ministerio de Trabajo japonés, mientras que el Consejo Nacional en Defensa de las Víctimas de karoshi elevaba la cifra hasta 10.000 anuales.

“En Barcelona está creciendo la demanda de este tipo de dinámicas de empresa para conectar con la naturaleza. Dejando a un lado estadísticas, observas cómo, al cambiar de escenario, los empleados interactúan, bajan el ritmo frenético con el que llegan, se estiran, olvidan por un momento su teléfono móvil, disfrutan del silencio y de los sonidos que rodean la atmósfera, como los pájaros, del aroma a tierra mojada…”, relata Alex Gesse, guía formado en terapia de bosque que realiza estos retiros en Portugal y Cataluña.

Aclara que no se trata de una excursión o caminata sin más. Es un paseo meditativo. “Tiene un componente espiritual importante porque se inspira en las tradiciones sintoístas y budistas que promueven la comunicación con la naturaleza. Las actividades se centran en percibir el entorno que se recorre de una a cuatro horas a través de los sentidos de la vista, el oído, el olfato y el tacto. Y mejor aún si nos tomamos un té y añadimos el gusto a esa calma”.

A lo largo de la historia evolutiva, el hombre siempre ha estado en contacto con la naturaleza. Hace medio siglo el 70% de la población mundial vivía en zonas rurales. En 2007 la urbana ya superó a la rural y se prevé que en 2050 dos de cada tres personas vivan en ciudades, según datos de este año del Banco Mundial. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas reclaman “proporcionar acceso universal a espacios verdes, públicos, seguros, inclusivos y accesibles”. Quizá la solución a nuestros males sea sencilla: cambiar el tiempo entre pantallas por un paseo respirando en medio del bosque.

Los beneficios, en datos

Mejora la salud y calidad de vida. Una encuesta del Servicio Danés de Salud respondida por 11.238 daneses concluyó que los ciudadanos son conscientes de la relación entre la salud y estar cerca de un espacio verde, especialmente para reducir el estrés.
Reduce la morbilidad. La cantidad de personas que enferman en un lugar y un período de tiempo determinados, en relación con el total de población, se reduce ante la presencia de espacios naturales, refleja un estudio holandés con una muestra de 345.143 participantes.
Disminuye la mortalidad. En Estados Unidos se observó un incremento de la mortalidad por enfermedades cardiovasculares y de las vías respiratorias que coincidía con una plaga que redujo de forma masiva los bosques entre 1990 y 2007 en 15 estados.
Incide en un menor sobrepeso y obesidad. Un informe realizado en Sabadell (Barcelona)entre 3.178 estudiantes identificó una asociación entre el aumento de la vegetación residencial circundante y un 11-19% de menor prevalencia relativa de sobrepeso y obesidad.
Ayuda a mantener la salud cardiovascular. A mayor naturaleza en un radio de un kilómetro de zona residencial, menos enfermedades coronarias presentaba la población holandesa en un estudio poblacional.
Contribuye a la salud mental. Múltiples estudios detallan cómo los entornos naturales y la salud mental presentan una correlación positiva, ya que permiten una recuperación más rápida del estrés fisiológico y psicológico.
Tiene un efecto de soporte y cohesión social que contribuye al bienestar. Un informe realizado en Chicago señaló que los parques urbanos con opciones de recreación y socialización mitigan indirectamente el estrés al fomentar la cohesión social.
Posee un efecto co-terapeuta. Un estudio realizado en Pennsylvania (Estados Unidos) observó que los pacientes ingresados tras una intervención quirúrgica en habitaciones con vistas al jardín se recuperaban mejor que los que tenían vistas a la pared.

Fuente: elmundo.es

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