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Las marcas y grandes superficies se benefician del miedo a los productos químicos y sus efectos negativos para dotar a  sus alimentos de unos beneficios que, en realidad no tienen

Cada avance científico va haciendo mella en nuestra cesta de la compra. Los perjuicios y efectos negativos de muchos de los alimentos habituales en nuestra dieta han dado lugar a un mayor consumo de productos ecológicos y libres de químicos.

Sin embargo, son muy pocos los supermercados y marcas los que ofrecen este tipo de productos a pesar de que se empeñen en disimularlo a través de envases o etiquetas a las que dotan de un color verde y a las que añaden categorías que no les corresponden.

El miedo a los químicos y a productos como el aceite de palma o los antibióticos empleados en la industria cárnica de los consumidores se ha convertido en una oportunidad de negocio para marcas y empresas que llevan a cabo las peticiones de la población.

La influencia de las redes sociales y la difusión de estudios científicos que resaltaban los efectos negativos del maltrato animal sobre los alimentos que consumimos a diario ha llevado a supermercados como Lidl, la multinacional alemana, a incluir en sus estanterías huevos libres y desde el pasado 1 de enero solo tiene en sus estantes productos de explotaciones avícolas que permiten las cría en libertad.

El miedo en el súper tiene consecuencias positivas en cuanto a cambios en la industria alimentaria y la inclusión de productos libres de químicos y buenos para nuestra salud, sin embargo, el marketing aprovecha esta fobia para vender productos que no han cambiado su composición. ¿Cómo? Estudios científicos han demostrado que añadir un color verde o una imagen de un campo en el envase de determinados productos aumenta su venta a pesar de que en su composición existan elementos negativos.

A pesar de que la industria alimentaria se está poniendo las pilas en cuanto a la producción ecológica y los estudios respaldan, cada vez más, el consumo de frutas, vegetales y productos libres de químicos, el deseo de los clientes de consumir estos productos ha creado un negocio paralelo con el que juegan muchas marcas y establecimientos.

Leer bien el contenido de los productos, estudiar su procedencia o informarnos de los puntos de venta de productos 100% ecológicos que existen en nuestra ciudad puede ayudarnos a llenar nuestra cesta de la compra de lo que, verdaderamente, necesitamos.

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